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La literatura peninsular, ha dicho Vázquez de Mella, parece que nació como una flor al pie de la Virgen. Nosotros diríamos más: no sólo parece que nació sino que en realidad así es. En efecto : la literatura ibérica formada por diversos afluentes etnográficos, tiene su origen en el mismo surco que para depositar el Pilar santo, abriera nuestro Apóstol Santiago. De allí nace, gemela con la corriente cristalina del Ebro y salpicada con gotas de aquella otra corriente purpúrea de sangre de mártires, la corriente de nuestra literatura, prosa y verso, mezcla de sangre y agua. Su primer interprete es Prudencio, el cantor genial y sublime que describe con hermosas pinceladas el resplandor de una casa llena de ángeles
y la gesta triunfal de nuestros mártires, incrustada en versos de hierro celtibérico. El mismo autor ensalza también la virginidad de María en hermosas estrofas, con otras muchas prerrogativas. Trascribamos incidentalmente las que dedica a la Anunciación :
Otro poeta español, el presbítero Juvenco, « segundo en fecha entre los cristianos » y altamente ensalzado por San Jerónimo, describe en hermosos hexámetros diversos misterios de Jesús y de María, entre ellos la pérdida del Niño en el templo, en la que interviene con pura ingenuidad la Esposa de San José :
Imitando a Juvenco y deshaciéndose en sus elogios, copia sus palabras el Abad Sansón, lumbrera de otro siglo y apologista insigne de las mismas prerrogativas cristiano-marianas. Veamos cómo se expresa en su Apologético sobre la Visitación de nuestra Señora :
La literatura latina cede el paso a los romances peninsulares en los siglos medios. Para recoger su transformación se presenta Raimundo Lulio que inaugura la literatura catalana, cantando a María en su « Desconor ». La misma misión recoge Alfonso el Sabio, echando en sus Cantigas los cimientos del romance gallego que abre sus pétalos de girasol en torno a la Estrella del mar. Pero, estaba reservado a un poeta, cantor insigne de los loores de María y cronista singular de sus milagros el inaugurar con sus versos una literatura peninsular. Este fué Gonzalo de Berceo. Nuestro insigne poeta riojano es « el creador de la leyenda romántica en España », « patriarca de las letras castellanas » y « cantor excelente de la Gloriosa ». Al conjuro de su gracia natural bañada en la rústica belleza de una estrofa tanto más hermosa cuanto más cercana a su origen, se abre el romance de Castilla. Y en él encontrarán, sin correr mucho tiempo, sonoridad y aptitud las ciencias y las artes. La oratoria, energía en persuadir, vehemencia en reprender, artificio en deleitar; la historia, grandeza en el describir, facilidad en el narrar, soltura en los discursos; la poesía, sonoridad, tersura y cadencia; la teología, vocablos idóneos con que levantarse soberanamente a los altos misterios de la fe; la filosofía, conceptos abstrusos y aptos para desentrañar las ideas más recónditas y los principios más encumbrados. Todo esto, que se ha dicho de la literatura española, todo tiene su origen en el romance paladino que siembra el poeta riojano. Y sin pasar mucho tiempo, el verso de Gonzalo de Berceo, cincelado no mas que en su ligera superficie, tórnase renacentista y aun casi moderno; a lo más, parece escrito y arrancado a nuestra escuela mística del siglo XVI. Porque asi de inteligible se nos ofrece. « Al tiempo que en Italia no existía aún libro alguno escrito en lengua vulgar, nos dice Romey, y en Francia sólo se hablaba el francés, apenas inteligible ahora de San Luis y de Joinville, la España tenía el poema del Cid y los versos de Berceo; que todos los castellanos comprenden sin dificultad, a pesar de las variaciones que ha experimentado la lengua española ». Y Menéndez Pelayo añade : «Berceo, parafraseando vidas de santos y milagros de la Virgen, creaba nada menos que la leyenda romántica española, la que ayer mismo encantaba los sueños de nuestra juventud en A buen juez, mejor testigo, en Margarita la tornera o en El Capitán Montoya. Y¿ qué testimonio mejor ni más contemporáneo que la prosa y versos de Pemán, enamorado de Berceo y seguidor de sus huellas?
Gracia natural de Berceo
La cualidad más sobresaliente del poeta riojano es su gracia natural, no estudiada ni apreciada, sino modelada en los secretos de su imaginación fecunda y en su especial y deleitoso modo de exponer y versificar. Gonzalo de Berceo no imita; toma la naturaleza de sus manos y la diluye en versos Por eso no debe extrañarnos, traspase el ligero tamiz alguna granza de esas que hieren los sentimientos extremadamente delicados de los artistas. Pero en cambio ¡es tan bella la naturaleza en su estado de inocencia, pura, intacta, virginal, presta siempre a desposarse con una lengua gemela en naturalidad, desnuda de artificios y susceptible a. toda clase de combinaciones! He aquí las fuentes de que se nutrió el « cantor de la Gloriosa ». Para él no hay escuelas, ni estudio, ni molde. Veneros de inspiración le ofrecen la hermosura nativa de un paraíso no contaminado en el que se recreen los seres primitivos de la creación, nuestros primeros padres, rodeados de una selva de animales y unos bosques de plantas y arbustos, sonidos más o menos articulados y el secreto de una aptitud natural para denominar las cosas conforme a sus cualidades. Por eso los frutos de ese jardín exhalan un aroma innato, humedecido con gotas de rocío e impregnado de esencias de floridas. Bien puede disimularse todo en gracia a su originalidad a su frescura y a su sabor. Extractaremos algo de estos versos de Berceo, para disfrutar de esa gracia que, como de manojos de sándalo, queda prendida entre las manos. He aquí como relata la niñez de Santo Domingo de Silos en la Vida de este santo. Su primer oficio fue pastor y Berceo quiere ennoblecerlo buscándole origen altísimo. Por eso dice:
El mismo oficio acompañó la niñez de San Millán, cuya Vida escribió también don Gonzalo, y para denotar su progreso en los menesteres monacales cuya vocación santa, dice de él.
Y al referir la devoción de un monje, por otra parte algo relajado, hacia Nuestra Señora, dice en los Milagros.
Lo mismo que, cuando en la citada Vida de Santo Domingo pondera los servicios de Dios y escribe :
La medida de su aptitud asimiladora llegó hasta el punto de captar el gracejo de diversas provincias y regiones ibéricas y aun extranjeras que quisieran para su romance muchas de sus estrofas. Porque parece que Berceo gustó la saudade de la tierruca y con ella estructuró sus graciosísimos versos. He aquí algunos ejemplos
En la citada estrofa parece que Berceo dejó correr ternura italiana, dedicando a la Virgen una reminiscencia de idilio amoroso, suave y dulce, de que tan fecunda es la citada península. Escuchamos ahora otra estrofa rimada con (?) andaluz
La estrofa que estampamos a continuación daría por suya el poeta charro Grabriel y Galán, no dudando admitirla en su Cristu Benditu, en los Postres de la merienda y en cualquiera otra del mismo estilo:
Por último , he aquí unas palabras que parecen arrancadas de primitivos romances leoneses y salmantinos:
Esta misma belleza rústica se trasluce en el modo muy especial y muy español de enunciar los títulos de las cosas. No vamos a asegurar que de Berceo lo tomaron nuestros clásicos, entre ellos Cervantes y Santa Teresa, pero es cierto que con ellos pude mantener parangón y paralelismo. Me refiero a esos términos n que los autores citados y otros muchos de la época nos van llevando como de la mano por las veredas de sus libros, proponiendo el capítulo a leer como más interesante aun que el leído. Se valen para ello de frases graciosas, que en el Quijote rezan así:
Y en Santa Teresa encuentran estos modismos y costumbres su vehemencia y persuasión en las palabras seguidas a la enunciación del capítulo:
Pues también nuestro Berceo emplea este artificio gracioso, sobre todo en sus Milagros, donde el argumento se repite, parece que el maestro, como sintiendo el cansancio del lector; trata de animarlo con inyecciones tan sabrosas y estimulantes como estas:
Esta naturalidad graciosa tan celebrada por nosotros se reviste, a veces, de una cierta profundidad dogmática. De este modo se expresa en la Vida de San Millán :
Y en El sacrificio de la Misa explica así el profundo Misterio :
Probada ya esta cualidad de Berceo, ocurre preguntar : ¿en qué fuentes bebió Don Gonzalo esta naturalidad y esta gracia ? Supuesto lo anteriormente dicho, he aquí cómo habla el autor de Los Loores de Berceo, sobre nuestro poeta :
Pero aún falta la causa principal, que este autor expone a continuación :
Esto nos conduce derechamente al aspecto principal de nuestro estudio.
Cantor de la Gloriosa
Todo ese raudal de gracia poética que Gonzalo de Berceo derrocha en sus versos, lo enderezó principalmente hacia la Virgen María. Don Gonzalo es por antonomasia el «Cantor de la gloriosa». Cualquiera otro título se le podrá discutir: la originalidad de sus «milagros», la belleza de sus versos, e! ritmo de sus estrofas..., pero en llegando a sus relaciones con María preciso es convenir que a sus pies se rinden todas las lanzas. Así lo han reconocido los críticos, incluso los más adustos al poeta riojano. El Padre Muyños que negó a Berceo cualidades de vate inspirado, le hace justicia en ese aspecto. «Sólo dos veces se excedió a si mismo, dice este autor hablando de don Gonzalo, en el Duelo de la Virgen, donde lo bello del asunto y la piedad del autor lograron arrancarle acentos de verdadero poeta y en la introducción a Los Milagros de Nuestra Señora. El Padre Pedro Corro del Rosario, añade : «Mas, como ya dejo repetidas veces indicado, donde el eximio vate riojano se sale de madre, como suele decirse, donde da rienda suelta a sus más fervorosos y nobles afectos, es cuando se dirige a la Santísima Virgen, a la que ciertamente amaba con todo su corazón, con todas sus potencias y sentidos» (nota.- Gonzalo de berceo. Cap. IV, pág. 49.). Y añade : «No deja de ser una nota simpática para nuestra nación, tan amante y entusiasta de María, que el primero de los hombres que figuran en el frontispicio glorioso de nuestra poesía, sea el de aquel que, entre la inmensa pléyade de inspirados vates que habían de dignificar y ennoblecer en todos los tiempos el inspirado idioma de Castilla, se alzó desde los primeros alborea de nuestro amanecer literario con el honroso nombre de "Cantos de la Gloriosa", que nadie hasta hoy le ha disputado » (Gonzalo de berceo. Cap. VIII, pág. 8.). Mas no se crea que tal título proviene a Berceo por no haber empleado otro calificativo para con la Virgen. Es cierto que se lo atribuye muchas veces; pero en armonía con otros epítetos de la misma índole, por lo que nunca resulta fastidiosa la repetición, antes bien resalta lo suficiente para caracterizar la obra de un poeta, sin caer en el defecto de monótono o amanerado. Atendamos, si no, al cortejo de denominaciones que en los versos del poeta en cuestión armonizan con el de «Gloriosa». Son los siguientes : «María», «Madre», «Reina», «Dulcis parens», «Señora», «Rica Reyna», «Virgo beneditta», «Reina general», «Sancta María», «Virgo sagrada», «Reina de gloria», «Madre plena de gracia», «Virgo María», «Reina coronada». «Reina preciosa», «Santa Reina», «Estrella de la mar», «Señora bendita», «De los Cielos Reina», «Madre del Rey de la Gloria», «Virgo coronada», «Madre Sancta», «Madre benedictta», «Reina poderosa», «Reina acabada»... Tal es la gama de epítetos que Berceo atribuye a María. Como se ve, muchos de ellos están repetidos en su significación, pero el romance en ciernes que el autor empleaba le suministraron tai variedad de calificativos. Nos hemos propuesto conocer la exactitud numérica de todos ellos, y he aquí el resultado que lanza nuestro estudio : En los trece mil trescientos versos de nuestro poeta, el calificativo de «Gloriosa» se dedica a la Virgen María ciento veinte veces, armonizando con otras ciento noventa y seis en que se reproducen los que hemos mencionado.
Lo distribución, a tenor de las obras de Don Gonzalo, es la siguiente : En los Milagros de Nuestra Señora, se la llama ciento dos veces «Gloriosa», y ciento cinco con otros diversos epítetos. En los Duelos de Nuestra Señora, se le dice cuatro veces «Gloriosa», y treinta y cuatro otros diversos epítetos. En los Loores de Nuestra Señora, se le dedica tres veces el calificativo de «Gloriosa», y treinta y cinco diversos epítetos. En la Vida de Santo Domingo de Silos, se da a María el título de «Gloriosa» cuatro veces y siete otros diversos calificativos. En la Vida de San Millán, se le dice dos veces «Gloriosa» en armonía con otros tres diversos adjetivos. La Vida de Santa Oria aduce cinco veces el titulo en cuestión de «Gloriosa» con diez distintas advocaciones. Y aun quedan : El martirio de San Lorenzo y El sacrificio de la Misa, donde se menciona dos veces a María con otras tantas denominaciones.
Como se ve, el poeta usa de toda una gama de calificaciones para con la Virgen María. Consideradas en absoluto predominan las demás al título de «Gloriosa», pero observadas en concreto y detalladamente cada una, predomina el citado adjetivo que personifica y caracteriza a nuestro autor, sobre todas las demás. Con justicia, pues, merece el dictado de «Cantor de la Gloriosa». Completaremos la breve sinopsis aducida ofreciendo unas cuantas estrofas mañanas en las que se liba la dulzura del autor con tendencia siempre a preponderancia hacia el mencionado título. He aquí como da comienzo a la Vida de Santo Domingo:
En los Loores de nuestra Señora se extiende cantando las glorias de Moría con una destreza que merece trascribirse :
Refiere más adelante el orgullo del humano linaje por la elevación de María, y dice :
Esta adopción universal de María por parte de la humanidad, exprésala aún con más relieve en la estrofa 218 :
Canta a continuación la misión encomendada por Dios a María, cuyas gracias trascienden hasta nosotros :
Esto mismo repite en otra estrofa :
En las estrofas 215 y 624, resume todo lo dicho :
Pero donde Gonzalo de Berceo alcanza realmente la cumbre del numen poético según reconocen todos los críticos es en la «Introducción a los milagros de nuestra Señora». Trátase de un arranque de inspiración en que la Naturaleza, su propia fantasía y la inspiración que desciende de la «Gloriosa», avivan de consuno el estro poético del autor. Una parábola saturada de imágenes. Prados, arboledas, frutas, fuentes, ríos, aves, todo se reproduce en torno a Berceo que para completar el cuadro se finje romero, sentándose a descansar en el prado que es María, bebiendo de sus aguas que es la gracia destilada por María, saturándose de sus frutos que son los besos desprendidos de los labios de María y cantando como un ruiseñor enamorado al conjuro del encanto y de la inspiración de María. Trascribimos las estrofas principales, pero no ya en gracia a la naturalidad o a la exactitud sino en honor a la belleza misma que este pasaje exhala. Helas aquí:
A continuación se canta a los árboles, florestas, fuentes, aves y demás amenidades que lo pueblan con pinceladas de verdadero poeta y colorido de artista : «El prado que vos digo avie otra bendad llpor calor nin por frío nom pierde su bondad llsiempre estaba verde en su integridad llnom perdió la verdura por nulla tempestad».
Seguidamente aplica el sentido de su alegoría :
Y concluye Berceo con una serie hermosa de alabanzas, simbolismo y figuras del Antiguo Testamento, entre las cuales :
He aquí extractado a grandes rasgos algo del arsenal rico y floreciente formado por los versos de Berceo La obra del poeta riojano es eminentemente mariana. Aun queda corta nuestra afirmación; es exclusivamente mariana, porque a Ella, a María consagra sus potencias, sus afectos y sus composiciones. Fuera de la Gloriosa, no hay vagar en las obras de Berceo, porque hasta sus biografiados resultan a modo de perlas desprendidas del manto polícromo y generoso de María. Veamos cómo describe la filial devoción mañana de San Ildefonso de Toledo:
Difícilmente podrá expresarse con más sencillez y más fuerza a la vez el afecto mutuo entre San Ildefonso y María. Gonzalo de Berceo quiso sintetizar en una frase toda la vehemencia del afecto entre el siervo y su Reina, y no encontró más exactitud, porque en realidad no existe, que ésta :
Porque en realidad así hablamos cuando queremos ponderar una cosa : « El alma es naturalmente cristiana... ». « Deseamos el bien por naturaleza . ». « Existe en nosotros una ley natural... ». He aquí una serie de principios y conceptos emitidos frecuentemente con toda sencillez para expresar grandes ideas y vehementes afectos Pues el « cantor de la Gloriosa » quiso resumir con su acostumbrada gracia y agudeza la fuerza del amor entre la Virgen María y San Ildefonso y lo expresó con la más viva exactitud. Y en la frase sencilla y vehemente no había de faltar el epíteto consabido y clásico : la « Gloriosa ». La trascendencia de nuestro autor sube de punto cuando se considera que con su nombre iniciamos el origen de la literatura castellana, según dijimos, luciente espejo en el que ha de reflejarse mil veces el rostro de la Virgen, matizado con todos los lirismos poéticos de los que tan fecunda es la lengua de Castilla. Gonzalo de Berceo es en esta escala punto de partida o fuente original que trasmite sabia y licor a los poetas posteriores. Ello lo hemos de ver como término de nuestro estudio.
Influencia de Berceo en la Literatura posterior
Ante todo hagamos una observación. El mero hecho de llamarse a nuestro autor « Patriarca de las letras españolas » supone el reconocimiento de una influencia universal y decisiva. Nosotros dejamos esta prerrogativa genérica y remota si se quiere, y nos fijamos en otra más concreta y próxima, si bien más modesta. Gonzalo de Berceo ha influido indudablemente en nuestra literatura como « cantor de la Gloriosa » Sus versos han impregnado las letras españolas de una savia que se percibe muy distinta y galana a través de los diversos gustos de nuestra literatura. He aquí algunos atisbos en comprobación de ello. Dice así en Los Milagros :
Esta sencilla estrofa tiene muchísimo paralelismo con la oración recitada por la Iglesia, que comienza :
La atribución del paralelismo no es nuestra. Puede verse Sacedo en su « Historia de la literatura », Libro Io, Capítulo XII que trata de este asunto. La semejanza del poema de Fernán González con los versos de nuestro autor, échanse de ver con sólo recordar el comienzo de aquél :
Cuanta influencia ejerciera Berceo en las Cantigas de Santa María de Alfonso el Sabio bastará comprobarlo con sólo recordar que muchos de los milagros que este Rey menciona, son los mismos que refiere nuestro poeta riojano. Veamos como da comienzo el Rey Sabio a una de sus cantigas:
No hemos de justificar nosotros la obra poética del Arcipreste de Hita, después de emitir su fallo la historia. Pero sí nos atrevemos a afirmar, que la espiritualidad de sus versos la bebe en el poeta riojano. La escasa distancia que media entre sus vidas, la afinidad de materias que ambos tocaron en relación con la Madre de Dios, el paralelismo de sus estilos y la igualdad de muchos de sus epítetos están pregonando que el ilustre Juan Ruiz saboreo con deleite y calma los versos de don Gonzalo. Sentemos ligeramente unas pruebas de esta influencia. El poeta riojano cantó los Milagros y Loores de nuestra Señora; Juan Ruiz nos cantará sus gozos. He aquí la introducción :
Discuten los literatos si el Arcipreste tomó los consejos de Don Amor y Doña Venus de Ovidio. No entraremos en esta cuestión. En cambio sí aseguramos que tomó de Berceo al gracejo de estos otros versos, recamados con el más dulce y más predilecto de los epítetos de nuestro poeta : el de la « Gloriosa ». Atendamos a su sonoridad:
La Paráfrasis del Ave María tiene este comienzo :
También se nota un dejo feliz de la «Introducción a los Milagros de Nuestra Señora » en estas estrofas, sacadas de « Las alegrías de Nuestra Señora » del Arcipreste :
Queremos terminar con el nombre de Iñigo López. Marqués de Santillana, que da fin a una de sus décimas con tantos verbos resabiados del espíritu de Berceo :
Y asi podíamos continuar hasta nuestros días, pero no es necesario ni lo permiten los límites de nuestro estudio. Por todo lo apuntado, se demuestra que Berceo es, por antonomasia, el «Cantor de la Gloriosa », y como tal ha ejercido notable influencia en las letras españolas.
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